
Con una cámara en mano y un corazón dispuesto a darlo todo, Fernando Palmer no solo captura imágenes: también salva vidas. Este fotógrafo de Nuevo Laredo, que desde antes de la pandemia dedica su tiempo y recursos al rescate de perros en situación de calle, hoy enfrenta una de las problemáticas más duras: la desnutrición y la sarna que afectan a decenas de animales en distintos puntos de la ciudad.
En su hogar, Palmer cuida actualmente a seis perros que alguna vez fueron rechazados, pero su labor va mucho más allá de esas cuatro paredes: cada día carga agua y alimento para aquellos que vagan sin rumbo, con miedo y hambre, por las calles de la ciudad.
Él sabe que los perros callejeros, al principio, se muestran ariscos, temerosos, incluso gruñen porque han sido golpeados o maltratados. Sin embargo, basta un gesto de bondad para que sus ojos cambien: cuando prueban un bocado de comida, sus colas comienzan a moverse con timidez, como agradeciendo en silencio; algunos, aún con las fuerzas justas, se acercan y apoyan la cabeza en su mano como diciendo “gracias”. Son pequeños milagros que confirman que el amor transforma.
Los lugares que más recorre para brindar apoyo son la ladrillera, el Smart Revolución, la iglesia San Antonio de Padua así como las calles Agustín Rodríguez, Puerto México y el panteón del norte. Ahí, entre ladrillos, banquetas polvorientas y tumbas silenciosas, se encuentran los perros que esperan un gesto de humanidad.
La preocupación se hace más grande con la llegada del otoño e invierno, estaciones que suelen ser mortales para los animales sin refugio. Palmer ha identificado más de 15 perros y perras con sarna y desnutrición severa, y teme que muchos no logren sobrevivir al frío. Por ello, hace un llamado urgente a las autoridades municipales para implementar campañas de vacunación contra la sarna y programas de alimentación que les brinden una verdadera oportunidad de vida.
“Los perros son ariscos porque sufren, pero si les das de comer y los tratas bien, son fieles hasta morir”, comparte con la voz entrecortada, consciente de que su lucha no es solo por los animales, sino también por despertar la empatía de la sociedad.
Finalmente, Palmer exhorta a la ciudadanía a sumarse a este esfuerzo con acciones sencillas pero vitales: ponerles agua, darles alimento y recordar siempre que salvar a un perro callejero es salvar una vida.
Y es que cada perro rescatado no solo recupera fuerzas, también recupera la esperanza. En cada mirada limpia después del dolor, en cada cola que vuelve a moverse, está la prueba de que un acto de bondad puede cambiarlo todo. Tal vez no podamos salvar a todos los perros del mundo, pero para el que recibe nuestra ayuda, habremos salvado su mundo entero.

Muchas felicidades al Sr Palmer . Me da mucho gusto saber que existen todavía personas que ven con los ojos del amor a través de la ayuda a un perro. Que sabemos que muchos andan deambulando en las calles , que los dueños porque ya están viejos o porque tienen sarna los corren o los van a tirar o a abandonar . Por eso yo también apoyo como el señor Palmer dando un poco a los perros de la calle ya sea agua o comida . Cooperemos todos para seguir salvando los.